De Boris Vian y La Unión
El difunto era Boris Vian (1920-1959), uno de los personajes más curiosos de la cultura del momento en Francia.
Poeta, pintor, traductor, ingeniero, libretista, dramaturgo, cantautor, guionista, músico de jazz, crítico literario y musical, prosista, escritor, cantante, actor, periodista, músico, trompetista y compositor. Todo esto lo había sido aquel hombre que iba directo al ataúd desde un patio de butacas donde se había introducido de incógnito.
Poco tiempo antes, Vian había sido expulsado de la producción de la cinta por disensiones con el director de la misma. La situación, unida a la juventud del fallecido, brindaban una muerte a juego para una persona cuya vida había transcurrido ligada al surrealismo y al absurdismo.
No voy a entrar aquí en la extravagante vida de este autor, que para eso están sus biógrafos, ni voy a enumerar sus logros. Todo ello es facilmente accesible en las enciclopedias y en la red.
Entonces, ¿qué es lo interesante de Boris Vian para esta entrada?
Bueno, podemos empezar por La Unión. La Unión es un grupo musical que más o menos todos en mi generación conocen, ya que tuvo su apogeo en los pasados años 80. De hecho, se fundó en 1982. Sus componentes iniciales eran el bajista Luis Bolín, el guitarrista Mario Martínez, el teclista Íñigo Zabala y el vocalista Rafa Sánchez.
Uno de los éxitos más reconocibles de La Unión fue, sin duda, la canción Lobo hombre en París, publicada en 1984. No hay español de la llamada «generación X» que no la haya oído alguna vez en su salsa, en alguna discoteca de la época.
Aclaro que la «generación X» es la nacida entre 1965 y 1980, es decir, la siguiente a los «baby boomers» (nacidos entre 1946 y 1964).
La letra de la canción es bastante graciosa:
Ha transformado en hombre a Dennis.
Auh.
Lobo hombre en París.
En fin, que si has llegado hasta aquí en tu lectura, ya tienes derecho a que te explique la conexión entre la canción de La Unión y el inicio de esta entrada.
El Lobo-Hombre es un personaje literario creado por Boris Vian como protagonista de un cuento que publicó en 1947: Le loup-garou (El lobo hombre).
La historia comienza en el bosque de Fausses-Reposes, cerca de París. Allí vive Denis, un lobo completamente atípico: es vegetariano (se alimenta de hierba y jacintos), es sumamente refinado y tiene una gran fascinación por la mecánica de coches. Su pasatiempo favorito es esconderse a observar de forma pacífica y curiosa el comportamiento de los seres humanos.
Una noche, mientras Denis espía discretamente a una pareja en el bosque, es descubierto. En ese momento interviene un misterioso personaje llamado el Mago de Siam (que en realidad padece la licantropía clásica). El mago ataca y muerde al lobo. Denis huye aullando a su madriguera, cae en un sueño profundo lleno de pesadillas y, al despertar bajo la luna llena, descubre que se ha transformado en un hombre joven, elegante y de buena presencia.
Emocionado por su nueva apariencia, Denis decide viajar a París para experimentar la vida humana desde dentro. Alquila una habitación de hotel, se compra una bicicleta y comienza a explorar la ciudad. Sin embargo, la fascinación inicial se convierte rápidamente en una terrible decepción.
Descubre de golpe los vicios urbanos, la prostitución, el engaño y el peso del dinero. Se involucra en problemas absurdos con otras personas debido a la codicia humana. Y entonces, nota horrorizado cómo su apariencia humana empieza a corroer sus buenos principios de lobo. Su mansedumbre se empiezan a evaporar, siendo corrompido por la naturaleza del hombre.
Al darse cuenta de que París es una jungla moral mucho más salvaje, peligrosa y hostil que su propio bosque, Denis se siente profundamente frustrado y alienado. Desesperado, decide renunciar a la civilización y regresar a su vida animal, pero un policía (símbolo de la autoridad y las reglas humanas) le bloquea el paso. Por primera vez en su vida, Denis experimenta la cólera, el odio y el deseo de venganza; sentimientos que jamás le habían embargado siendo un lobo.
El cuento cierra con una ironía psicológica: aunque recupere su forma cuadrúpeda, Denis ya no volverá a ser el mismo, pues ha quedado maldito con la contagiosa maldad y las preocupaciones del ser humano.
Si queréis que os diga, a mí, esta fábula, al llegar a cierto punto me recuerda a «Los motivos del lobo», de Rubén Darío. Pero de este impresionante poema del gran nicaragüense hablaremos otro día, si queréis.
Y ahora, quienes lo desconocíais, ya sabéis el origen de la famosa canción de La Unión Lobo hombre en París.

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