Vargas Llosa, Javier Cercas y otros de su club se ríen de sus lectores
Ha vuelto a caer en mis manos un ejemplar de Lituma en los Andes , aquella novela de Vargas Llosa que ganó el Planeta en 1993. Mientras leo el prólogo de Fernando R. Lafuente, un sentimiento entre la risa y la grima me recorre el ánimo. Y eso que no creo que, de los galardonados por dicha editorial, sea Vargas Llosa el autor más cínico a la hora de darles a sus lectores gato por liebre, ya que diecisiete años después sería avalado por el Nobel. Para entender mi impresión ante esta lectura, he de apuntar que siempre me he preguntado cuáles son los valores que buscan los jurados de Planeta a la hora de recompensar una obra. Y es que yo, por más que me mate, oigan, sólo veo uno: que se trate de una narración que los miembros del jurado consideren fácil de vender. Aunque ya se había hecho mucho antes si bien no se había establecido el fenómeno tan claro, en la llamada Escuela de Frankfurt, filósofos como Theodor Adorno y Max Horkheimer teorizaron que la literatura barata (o de consumo de m...