Unas cuantas preguntas sobre la idea de «neotenia literaria» de González Maestro

En nuestra entrada anterior, presentábamos la idea de «neotenia literaria» según la concibe el profesor G. Maestro. Ahora vamos a completar el concepto. Además, a pesar de que este me parece un hallazgo afortunado para describir y analizar muchos rasgos infantiloides derivados de corrientes literarias o pseudo literarias que se producen actualmente (esto cualquiera lo puede apreciar al observar, por ejemplo, fenómenos o actividades como los llamados «juegos de rol» o el autodenominado cosplay), al final expondré la grave objeción que yo le veo dentro de la propia teoría literaria del propio G. Maestro, y cómo es un arma arrojadiza de ida y vuelta que puede regresar contra él.

En la teoría de este profesor, conceptos biológicos como la neotenia no explican la literatura. Esta se aplica a la conservación de rasgos juveniles en organismos biológicos, y utilizarla como un término literario para justificar la fantasía sería un error de intrusismo gnoseológico. Para él, la literatura es «inteligencia en sí misma», donde lo fantástico y lo real no se oponen, sino que ambos son resultado del pensamiento racional del ser humano a lo largo de la historia.

Según hemos visto, Maestro argumenta que la literatura es un campo donde interactúan cuatro fuerzas: autor, obra, lector e intérprete. Cuando afirma que el uso de la biología en la literatura sería un «intrusismo gnoseológico», se refiere a que no se puede usar la biología para explicar la esencia del texto. Sin embargo, sí cree legítimo usar el concepto de neotenia intelectual de forma externa para explicar la decadencia de dos de los agentes del circuito: el autor contemporáneo que escribe de forma pueril y el lector universitario moderno que es incapaz de ejercer una crítica científica.

Así pues, no introduce el concepto de neotenia literaria como una contradicción ingenua, sino como una herramienta diagnóstica y de combate ideológico diseñada específicamente para denunciar lo que considera el mayor enemigo de la literatura en el siglo XXI. Lo hace motivado por las siguientes razones analíticas:

  1. Diagnosticar la corrupción del Intérprete (Transductor): para Maestro, el problema actual no está en la ficción en sí (los cíclopes o la fantasía clásica, que son construcciones racionales), sino en el sujeto que lee e interpreta. Introduce el término «neotenia» para señalar una patología intelectual contemporánea:
    • Adultos, universitarios y académicos que abordan textos de alta complejidad racional (como el Quijote) desde la pura emotividad, el sentimentalismo o la moralina adolescente.
    • Al equipararlo con la biología, Maestro argumenta que un lector neoténico sufre una atrofia: tiene un cuerpo cronológicamente adulto pero un aparato crítico e intelectual completamente infantilizado.
  2. Atacar el mercado de la «literatura sucedánea»: Maestro utiliza el concepto para justificar por qué triunfan comercialmente ciertas obras contemporáneas deficientes. Al existir una sociedad y un sistema educativo neoténicos, se produce en masa una literatura infantilizada para adultos (un fenómeno que él asocia a autores de consumo masivo o a corrientes de la filosofía posmoderna actual). La neotenia literaria sirve aquí para explicar la degradación de la oferta y la demanda estética en el mercado global actual.
  3. Delimitar la «literatura infantil» de forma científica: bajo su nuevo prisma, Maestro reclasifica la literatura estrictamente destinada a niños (Alicia en el país de las maravillas, Harry Potter o El Principito) como neotenia literaria programada, un recurso cuyo fin legítimo es estimular de forma controlada el racionalismo en mentes que aún están en desarrollo biológico. El problema surge cuando ese molde se cronifica en el adulto.

Así, podemos distinguir:

El blanco de su crítica
Cuando Maestro califica algo como «neoténico», generalmente no se refiere a los autores clásicos ni a los mecanismos internos de la ficción (como la introducción de los cíclopes u otros personajes imaginarios). Se refiere a la inmadurez intelectual de los intérpretes modernos, críticos y universitarios actuales que analizan la literatura de forma pueril, moralista o puramente emocional.

El salto al autor
Cuando sí aplica el término a ciertos autores contemporáneos, lo hace para denunciar una «infantilización» deliberada de la escritura, donde el escritor renuncia a la complejidad lógica para complacer a un público masivo e inmaduro.

El paradigma de El señor de los anillos como contraste con las obras de las mitologías antiguas
Como ejemplo, veamos qué dice Jesús G. Maestro sobre una obra muy famosa de un escritor que podemos considerar contemporáneo, y que él cita como la quintaesencia de la neotenia literaria: El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, en comparación con la literatura mitológica antigua:
  • En Tolkien, los elfos, orcos y orígenes de la Tierra Media son una amalgama de mitologías nórdicas reinterpretadas de forma estética y artificial por un académico del siglo XX. Al no tener raíces en una fe histórica real que evoluciona hacia la razón, Maestro los considera meros artificios lúdicos propios de una mente infantilizada que juega a crear realidades paralelas.
  • Por contraste, en el mundo antiguo, los cíclopes, centauros o deidades no fueron inventados por un filólogo en su despacho para entretener. Nacieron de la evolución de las religiones politeístas de sociedades históricas reales. Su inclusión en la literatura es una operación antropológica y cultural legítima.
La crítica más dura por parte de Maestro no va dirigida únicamente al autor, sino a la recepción del lector actual. Leer a Homero o a Esopo (con sus fábulas en las que se prosopopeyizan animales) exige descodificar el contexto político, la retórica y la moral de la Antigüedad. Por el contrario, Maestro sostiene que la masificación de universos como el de Tolkien en las universidades del siglo XXI fomenta una «Generación Milenialista» de lectores adultos que prefieren consumir mundos de fantasía e idealismo anglosajón antes que enfrentarse a la complejidad crítica y cruda de la literatura racionalista o el realismo clásico (como el de la tradición cervantina).

En resumen, los gigantes y monstruos de la antigüedad grecolatina representan la infancia de la civilización humana caminando hacia la razón. Por contra, los gigantes y monstruos de Tolkien representan, según la Crítica de la Razón Literaria, a un adulto contemporáneo que se niega a crecer y se refugia en una fantasía construida.

Propósito de la literatura neoténica frente a la literatura legítima
¿Qué es lo que da sentido a esta teoría de la neotenia de Jesús G. Maestro? Es necesario distinguir literatura neoténica de literatura auténtica, por la siguiente razón:
  • La obra neoténica tiene un fin social y político: Busca disolverse en el tejido de la sociedad, ya sea complaciendo al mercado o sirviendo a un partido, una moral o una religión.
  • La obra lúcida (como el Quijote), no neoténica, persigue un fin gnoseológico: el conocimiento y la demolición de la mentira. No busca encajar en la sociedad; busca diagnosticarla, operarla y, si es necesario, escandalizarla mediante el rigor de la razón.
En el sistema de Maestro, el propósito de la literatura neoténica nunca es estrictamente estético, gnoseológico o científico. No nace para descubrir verdades sobre el mundo o para triturar mitos, sino para cumplir una función dentro de la dinámica gregaria de la sociedad.

Su finalidad social se articula de tres maneras muy concretas:
  1. La cohesión del grupo mediante el dogma (propaganda): La obra neoténica ideológica busca el reconocimiento y la validación dentro de una comunidad o tribu urbana, política o religiosa. Su fin es confirmar los prejuicios del lector para que este se sienta cómodo y arropado por el grupo. Funciona como un mecanismo de comunión laica o catequesis moderna: no te obliga a pensar, sino a asentir.
  2. La sedación y la evasión (el mercado de consumo): Cuando la obra neoténica se vuelca hacia lo comercial o lo puramente idílico, su fin social es actuar como un sedante psicológico. Ofrece al lector un refugio infantil o un entretenimiento plano que le permite desconectar de las contradicciones materiales, crueles e injustas del mundo real.
  3. El fraude gnoseológico institucional: Maestro denuncia que estas obras tienen hoy en día un fin social muy perverso: alimentar las industrias culturales y los planes de estudio universitarios de la posmodernidad. Las instituciones promueven la literatura neoténica porque es inofensiva para el poder y resulta perfecta para adoctrinar a las masas en un sentimentalismo dócil y acrítico.
Y ahora vamos con la contradicción que yo le veo a este concepto de neotenia, al ser aplicado dentro de las propias teorías de González Maestro.

Objeciones
Como veíamos en la entrada anterior de este mismo blog, según su propia teoría literaria, Jesús G. Maestro le niega al autor la soberanía sobre la obra. Es decir, que el destino de una obra literaria no depende para nada de la intención del autor. Sólo de ella misma frente a las fuerzas sociales en medio de las cuales se ve inmersa.

Después de todas estas prolijas explicaciones, hay preguntas que cabe hacerle a la teoría de G. Maestro, y veremos cómo las contesta.

Primera pregunta: si, según su propia teoría literaria, Jesús G. Maestro le niega al autor la soberanía sobre la obra, y el destino de una obra literaria no depende para nada de la intención del autor, ¿cómo es que un autor neoténico que sabe muy bien qué vender para ganar dinero, escribe un best seller y gana dinero? ¿No está el autor consiguiendo con su obra lo que se propuso al escribirlo, contrariando lo que dice Maestro? ¿Cómo puede ser que las fórmulas de «gane dinero con un best seller», hechas al estilo de una receta de cocina, den buen resultado, si el destino de la obra no lo determina el autor?

Respuesta: el éxito de una «receta» comercial para escribir un best seller no contradice el sistema de Jesús González Maestro, sino que constituye su confirmación más empírica.

Para deshacer este aparente nudo lógico, el materialismo literario separa drásticamente el éxito comercial inmediato de la obra (su faceta mercantil) de su destino ontológico e intelectual (su valor gnoseológico).

La explicación de por qué funcionan las fórmulas de mercado y por qué el autor neoténico consigue su objetivo de ganar dinero se articula en tres puntos:
  1. El mercado comercial no es «el destino» de la obra: el autor que sigue una receta de cocina literaria para hacerse rico tiene una intención puramente psicológica y económica, y su éxito al lograrlo demuestra competencia técnica industrial, no soberanía artística.
    • El autor ha conseguido su objetivo financiero, pero no el control del significado del texto.
    • Ha fabricado un producto industrial de consumo perecedero. Para Maestro, el verdadero «destino» de una obra literaria se mide por su capacidad de resistir al tiempo a través de la razón. El dinero que da un best seller hoy es un fenómeno puramente sociológico y de mercadotecnia, no literario.
  2. ¿Por qué funcionan las recetas literarias? Las fórmulas del tipo «gane dinero escribiendo un best seller» funcionan porque están diseñadas a la medida exacta del público gregarista y neoténico.
    • Esos libros no inventan nada; recurren a estructuras psicológicas elementales (el viaje del héroe simplificado, el maniqueísmo del bien contra el mal, el sentimentalismo explícito).
    • El autor de best sellers no domina la literatura; domina los mecanismos de la sociología de masas. El éxito de la receta demuestra que el público masivo es predecible bajo ciertos estímulos comerciales, no que el autor posea un control trascendental sobre el devenir de las ideas del libro.
  3. La trampa del éxito: La obra sigue sin pertenecerle. Incluso si el autor neoténico se vuelve multimillonario, la pérdida de soberanía sobre la obra sigue operando de forma implacable:
    • El autor no puede controlar lo que la crítica científica o las futuras generaciones digan de su texto.
    • Puede vender millones de ejemplares hoy gracias a las «fuerzas sociales» del mercado, pero en cuanto esa moda ideológica o comercial cambie, el libro desaparecerá por completo porque carece de un armazón lógico inmanente que lo sostenga solo. Pasará de ser un éxito de masas a la nada absoluta.
En conclusión: el autor del best seller consigue dinero porque opera como un hábil comerciante dentro de las corrientes sociales de su presente, pero sigue careciendo de soberanía sobre el destino literario de su obra. Ha creado un artefacto útil para el mercado actual, pero gnoseológicamente inútil para la historia de la razón. Su triunfo es económico y social, pero su obra sigue siendo una pieza de literatura degradada y fraudulenta atrapada en el determinismo de su propio tiempo.

Segunda pregunta: si Jesús G. Maestro le niega al autor la soberanía sobre la obra, entonces ¿quién la ostenta?

Respuesta: el hecho de que G. Maestro niegue que el autor tenga parte en el destino de la obra no quiere decir que esta quede sujeta a «fuerzas sociales ajenas» a ella. Maestro rechaza categóricamente el sociologismo (muy propio del marxismo ortodoxo o de la teoría crítica) por las siguientes razones:
  • Soberanía de la estructura formal. El destino o valor de una obra no depende de las corrientes sociales, sino de su potencia lógica y de su construcción formal. Si una obra pervive, es porque los materiales literarios que la componen son capaces de resistir el paso del tiempo y seguir dialogando con el presente.
  • El principio de Symploké: Maestro y el materialismo filosófico defienden que «no todo está conectado con todo». Una obra literaria no es un mero «reflejo» pasivo de la sociedad o de la economía de su época; tiene autonomía e inmanencia relativas.
En resumen, para Jesús González Maestro, el autor pierde la soberanía porque la obra lo supera y se independiza de su psicología, pero la obra no queda subordinada a las «fuerzas sociales», sino a su propia consistencia e inteligibilidad racional frente a los lectores e intérpretes.

Tercera pregunta: ¿Entonces es desacertado decir que su concepto de neotenia literaria aplicado al autor y a la obra va en contra de su idea de que el autor pierde la soberanía sobre esta, ya que se supone que un autor neoténico producirá una obra neoténica, predestinándola así?

Respuesta: Es totalmente desacertado, ya que incurre en un error de definición de los términos. En el sistema de la Crítica de la Razón Literaria de Jesús González Maestro, el concepto de neotenia literaria no tiene nada que ver con defender la soberanía del autor, sino precisamente con todo lo contrario: describe una patología de inmadurez racional que degrada tanto la creación como la interpretación de la literatura.

No existe contradicción alguna si otra vez se aclara qué significa la neotenia en este marco teórico:
  1. Maestro define la neotenia literaria como una prolongación patológica de la adolescencia o la infancia intelectual. Un autor neoténico o un lector neoténico es aquel que es incapaz de enfrentarse a la literatura de forma racional, adulta, científica y dialéctica.
  2. El autor neoténico es el que cree tener soberanía. Irónicamente, el concepto de neotenia desmonta la soberanía del autor. Según Maestro, los autores neoténicos (o posmodernos) son aquellos que escriben guiados por meras ocurrencias inmaduras, sentimentalismos, ideologías baratas o narcisismos psicológicos.
    • Estos autores creen erróneamente que son soberanos de su obra porque "expresan sus sentimientos".
    • Sin embargo, desde el materialismo, lo que producen son obras defectuosas, pueriles o infantiles que carecen de potencia lógica y quedan atrapadas en el gregarismo social o la propaganda ideológica.
  3. Frente al autor neoténico, el autor verdaderamente genial, adulto o valioso (como Cervantes) no sufre de neotenia. Su obra posee una estructura racional e inteligible tan potente que se independiza por completo de su psicología individual. El autor adulto y racional genera materiales literarios que lo trascienden.
Así pues, decir que la neotenia literaria va en contra de la pérdida de soberanía del autor es un error analítico. La neotenia literaria es, de hecho, el síntoma de una sociedad que premia obras donde el autor se cree falsamente el ombligo del mundo (soberano desde su inmadurez), dando como resultado textos fraudulentos incapaces de resistir una lectura gnoseológica rigurosa.

En la Crítica de la Razón Literaria, ningún autor, ni genial ni neoténico, puede determinar cómo va a ser interpretado. No existen tales «condenas» preestablecidas.

La pérdida de soberanía del autor sobre la obra se demuestra precisamente en que el destino del libro depende de la potencia de los materiales lógicos de la obra misma, y no de la condición psicológica o intencional de quien la escribió.

El proceso opera bajo las siguientes claves analíticas:
  1. Desmontando el determinismo de la interpretación: Un autor neoténico no está «condenado» a ser interpretado solo neoténicamente.
    • Un lector o crítico racional y científico (no neoténico) puede tomar una obra infantil, inmadura o ideológica y desmontarla racionalmente. Al hacerlo, destruye las pretensiones del autor neoténico evidenciando las carencias del texto. El autor neoténico pierde la soberanía porque no puede evitar que la crítica científica desvele su inmadurez.
    • De igual forma, una obra cumbre y racional (como el Quijote) es leída constantemente de forma neoténica por lectores o profesores universitarios inmaduros que la reducen a «una bonita historia de amistad» o a un «manifiesto pacifista». Cervantes no puede hacer nada desde su tumba para evitar que su obra sea malinterpretada.
  2. Así pues, la pérdida de soberanía se resume en que el autor propone, pero la lógica de la obra y el transcurso de la historia disponen. Se manifiesta en tres niveles concretos:
    • Soberanía gnoseológica: el autor ignora las consecuencias últimas de lo que escribe. Un autor puede intentar escribir un panfleto ideológico o moralizante, pero si accidentalmente dota a sus personajes de contradicciones humanas profundas, la estructura interna de la obra traicionará su intención inicial. La obra escapa al control de su creador.
    • Soberanía temporal (La posteridad): el autor no puede obligar al futuro a entender su obra según sus propios términos. La obra sobrevive si sus ideas y formas poseen suficiente densidad materialista para interactuar con realidades históricas futuras que el autor jamás llegó a imaginar.
    • El autor es un elemento más del proceso: en el materialismo literario, la literatura es un espacio interactivo de cuatro figuras críticas: Autor, Obra, Lector e Intérprete. El autor es solo el punto de partida (sujeto operatorio); carece de la potestad legal, moral o científica para imponer el significado de lo generado.
En conclusión, la neotenia o la genialidad califican la calidad de los materiales que el autor introduce en la obra, pero una vez que la obra entra en el mundo físico y social, el autor queda completamente desarmado. El texto queda expuesto tanto a la degradación de los intérpretes neoténicos como al rigor de la crítica científica.

Cuarta pregunta: ¿entonces, un autor neoténico puede lograr una obra no neoténica, y un autor no neoténico puede producir una obra neoténica?

Respuesta: se concluye que, según G. Maestro, así es.
Un autor neoténico puede escribir una obra con intenciones inmaduras, infantiles o ideológicas, pero el resultado material de su obra puede superar sus propias limitaciones psicológicas e intelectuales.

La pérdida de soberanía del autor opera aquí en dos direcciones imprevistas:
  1. La obra puede ser «más inteligente» que su autor. A veces, un autor neoténico (guiado por el sentimentalismo o la propaganda) intenta escribir un texto simple, pero al construir la trama y los personajes, introduce —sin darse cuenta— contradicciones humanas y materiales tan reales que la obra adquiere una densidad lógica imprevista.
    • Un crítico científico no interpretará esa obra «en términos de su neotenismo», sino que rescatará los aciertos lógicos objetivos del texto, ignorando la inmadurez de quien lo escribió.
    • El autor pierde la soberanía porque el crítico le demuestra que su obra dice cosas mucho más profundas, complejas o diferentes de las que su mente neoténica planeó.
  2. La transvaloración histórica y cultural: obras escritas originalmente desde coordenadas neoténicas o dogmáticas de una época (por ejemplo, cuentos didácticos medievales o relatos morales del siglo XIX) pueden ser leídas siglos después bajo una luz completamente nueva.
    • Un crítico actual puede interpretar esas obras no como "muestras de inmadurez", sino como valiosos documentos gnoseológicos o arqueológicos que explican el funcionamiento de los mitos de una sociedad.
    • La interpretación deja de evaluar la psicología del autor para analizar la estructura formal del texto en su contexto histórico.
Para Maestro, el autor neoténico no controla el destino de su texto. Su obra puede ser triturada por su inmadurez, puede ser usada como material de estudio clínico por la ciencia literaria, o puede ser revalorizada por contener verdades objetivas que el propio autor no comprendía. Eso sí, en ninguno de estos casos el autor neoténico logra imponer cómo debe ser descodificado su libro.

El caso del autor no neoténico (lúcido) creando una obra neoténica es mucho más simple. Este autor SÍ puede escribir una obra neoténica de forma voluntaria, mientras que el autor neoténico NUNCA puede escribir una obra no neoténica de manera consciente y controlada.
  1. El autor lúcido y el pastiche. Un autor racional, adulto y geométrico (no neoténico) tiene un dominio total del campo de juego literario. Al poseer una conciencia superior de las formas, puede rebajarse voluntariamente a escribir literatura neoténica (infantil, ideológica o comercial) por dinero, por entretenimiento, o para parodiar los vicios de su época.
    • Sabe cómo funciona la mente neoténica y puede reproducir sus taras.
    • El autor lúcido puede simular la inmadurez; el inmaduro jamás puede simular la lucidez geométrica.
  2. El autor neoténico está limitado por su propia impotencia, porque carece de las herramientas gnoseológicas para construir un artefacto racional superior de forma deliberada. Su cerebro está clausurado por el mito o la ideología.
    • Si en algún momento excepcional de la historia una obra suya adquiere una densidad lógica que lo supera, ocurre de manera contingente, accidental e inconsciente (porque se limitó a seguir el cauce de un idioma o de unos materiales tradicionales que eran más inteligentes que él).
    • Él no diseñó esa lucidez; fue un vehículo pasivo de la misma.
La verdadera asimetría que demuestra la superioridad: para el materialismo filosófico, la superioridad de un sujeto se mide por su capacidad de comprender y dominar los términos del sistema. La jerarquía queda establecida así:
  • El autor lúcido (superior): Puede generar obras lúcidas (por necesidad y control) y puede generar obras neoténicas (por voluntad o pastiche). Domina ambos registros.
  • El autor neoténico (inferior): Solo puede generar obras neoténicas (por limitación mental). Si su obra llega a ser lúcida, es un mero accidente material ajeno a su voluntad. No domina el sistema; el sistema lo domina a él.
El autor lúcido mantiene la superioridad porque su libertad y rango de acción son absolutos, mientras que el autor neoténico está atrapado en el determinismo de su propia inmadurez intelectual.

Quinta pregunta: entonces, si la teoría literaria de G. Maestro admite que un autor neoténico puede producir obras lúcidas y un autor lúcido puede producir obras neoténicas, pero a la vez considera que el único objeto de estudio mediante el que se explica todo en la Crítica de la razón literaria es la obra literaria en sí misma, ¿cómo puede Jesús G. Maestro permitirse juzgar si un autor es neoténico o no? En otras palabras: ante una obra calificable como neoténica ¿cómo puede saber si no ha sido, en realidad, compuesta por un autor muy lúcido que la ha diseñado así conscientemente, y por qué razón lo hizo así?

Respuesta: A Maestro le importa un comino lo que el autor sabía o no sabía conscientemente.

La ciencia de la literatura no juzga la mente del autor, sino el ejercicio material de sus operaciones.
  1. Sabe que el autor fue «incapaz» o que no fue «inconsciente» comprobando los límites formales de la obra.
    • En ciencia, la «capacidad» no es una potencia oculta en el alma, sino un resultado físico observable. Si un ingeniero construye un puente que se cae al pasar un camión, el físico no se pregunta si el ingeniero en el fondo de su corazón era capaz de calcular bien las fuerzas o si lo hizo inconscientemente. El puente se cayó; por lo tanto, el ingeniero demostró ser operativamente incapaz de sostenerlo.
    • Con la literatura pasa igual. Si un autor publica una obra cuyas ideas se contradicen, cuyos personajes son arquetipos infantiles y cuyo motor es el dogma moral de su época, el crítico concluye que ese autor fue incapaz de elevarse por encima del mito. La «incapacidad» no es un insulto psicológico, es la constatación científica de un límite técnico insuperable reflejado en el texto.
  2. Análogamente, supongamos que un autor inteligentísimo decide escribir un libro deliberadamente tonto e ideológico (neoténico) para hacerse rico. ¿Cómo distingue el crítico si es un genio camuflado o un ignorante?
    • No le importa. Desde el materialismo literario, el autor es lo que firma. Si un genio escribe de forma consciente una porquería neoténica, de cara a la ciencia literaria ha actuado como un autor neoténico. Sus intenciones secretas o su «verdadera» inteligencia no computan en el análisis material del texto. No hay un premio de consolación para el autor que diga: «Oiga, que yo sé hacer cosas mejores, pero las he hecho mal aposta». La obra resultante sigue siendo defectuosa, y el autor queda calificado por la calidad de su producto material.
  3. ¿Por qué razón lo hizo así? (La caída definitiva del determinismo social). Maestro explica la "razón" de por qué el autor escribe así, pero sin darle la soberanía a la sociedad.
    • El autor escribe condicionado por su presente (el mercado, la política, la religión). Esas son las causas genéticas (el origen).
    • Pero una cosa es la causa del origen y otra muy distinta es la causa del destino. Un autor lúcido y un autor neoténico viven en la misma sociedad y sufren las mismas fuerzas comerciales. Sin embargo, ante la misma presión social:
      • El autor neoténico se pliega, es asimilado por la propaganda y produce un texto estúpido.
      • El autor no neoténico (como Cervantes, que vivía acosado por la pobreza, la censura de la Inquisición y las demandas del mercado de la época) combate y tritura esas fuerzas sociales desde la estructura de su obra.
En conclusión, la sociedad presiona a ambos por igual. Por lo tanto, el destino de la obra no depende de fuerzas sociales ajenas a ellas, sino de cómo responde la estructura de la obra a esas fuerzas. Si el texto se arrodilla ante la corriente social, la obra es neoténica y morirá con su época. Si el texto resiste y disecciona la corriente social mediante la razón, la obra es transhistórica.

Quinta pregunta: PERO...

En ciencia, la capacidad sí es una potencia oculta en el alma (por así decirlo). Lo que no está oculto es la competencia.

Un ingeniero que construye un puente para que se le derrumbe a propósito al pasar un camión, es un ingeniero tan competente como el que construye para que no se le derrumbe y no se le derrumba.

Y, aunque resulte paradójico, un ingeniero que construye un puente para que se le derrumbe a propósito al pasar un camión pero no se le derrumba, es un ingeniero tan incompetente como el que lo construye para que no se le derrumbe y se le derrumba.

En cambio, si juzgas a un ingeniero por su capacidad en lugar de hacerlo por su competencia, ¿no lo estás juzgando por algo que está oculto en su psicología? Es decir, desde un punto de vista materialista, ¿a quién le importa la capacidad del ingeniero, mientras sea competente?

Respuesta: no la encuentro desde el interior de la teoría literaria de G. Maestro. Aquí se aprecia que, al calificar a un autor de «neoténico», está cometiendo un desliz metodológico insalvable.

Según lo que hemos visto, el sistema que ha edificado queda desmontado en tres pasos:
  1. El veredicto sobre el autor «neoténico» es un juicio de valor, no ciencia: si la ciencia literaria solo puede analizar el texto (la ejecución material/competencia), y un autor lúcido puede escribir un texto neoténico a propósito (competencia instrumental para el mercado), entonces es gnoseológicamente imposible para el crítico saber si el autor es neoténico o lúcido.
    • Al etiquetar al autor (y no solo al texto) como neoténico, Maestro está saltando ilegalmente de la competencia observable (el texto deficiente) a la capacidad interna (la mente inmadura del autor).
    • Esto es, por definición, un juicio de intenciones o una especulación psicológica. Es decir, incurre exactamente en aquello que él mismo critica con tanta ferocidad en otras escuelas de pensamiento.
  2. El colapso de la «independencia de la obra»: si aceptamos que un autor lúcido puede diseñar científicamente un artefacto neoténico para explotar una corriente social o comercial (como el ingeniero que diseña el puente para que se caiga), ocurre lo siguiente:
    • La obra neoténica resultante es el producto directo y controlado de una estrategia consciente del autor frente a las demandas de la sociedad.
    • Por lo tanto, el origen, la forma y el destino de esa obra sí están determinados por la dialéctica entre la voluntad del autor y las fuerzas sociales que busca explotar. La supuesta «independencia absoluta de la obra respecto al autor» se desmorona en el momento en que la obra es un instrumento perfectamente calculado por su creador. Aunque tenga fecha de caducidad (que, precisamente, es parte de su destino). Ni siquiera las pirámides serán eternas.
  3. La trampa del materialismo literario en este punto: para salvar su propio sistema de esta contradicción, Maestro se ve obligado a ignorar la distinción entre capacidad y competencia. Su teoría asume dogmáticamente una equivalencia absoluta: eres lo que produces.
    • Si produces un texto neoténico, el sistema te etiqueta como autor neoténico.
    • Borra por completo la posibilidad de que un autor lúcido esté fingiendo o mercantilizando su escritura. Al hacer esto, la Crítica de la Razón Literaria reduce la figura del autor a un mero autómata biológico que solo puede segregar lo que su nivel de madurez le permite.

...Y la pregunta definitiva: ¿Se puede convencer a alguien de que el estudio de la ingeniería de puentes consiste en analizar a dónde van y de dónde vienen los que cruzan por encima de ellos, y calificar de «neoténicos» a todos aquellos ingenieros diseñadores de viaductos conducentes a parques temáticos y otros sitios de ocio, y de ingenieros «lúcidos» a todos los que hayan construido puentes sobre los que haya que pasar para llegar a lugares donde se trabaja y se produce?

Respuesta: No se puede convencer a un profesional o académico riguroso de que la ingeniería de puentes consiste en analizar el origen y destino de los transeúntes, ya que esa premisa confunde la función urbanística o sociológica de una infraestructura con la ontología y las leyes físicas de la ingeniería de caminos. Aunque parezca un paralelismo absurdo, este ejemplo es un calco exacto de los problemas metodológicos y las contradicciones discursivas en las que incurre la teoría de Jesús G. Maestro cuando salta de la teoría a la trinchera ideológica.

Si aplicamos con estricto rigor el propio instrumental de la Crítica de la razón literaria a esta analogía de los puentes, el argumento de G. Maestro se desmonta por completo a través de los siguientes puntos:
  1. El secuestro del objeto de estudio (Reduccionismo)
    • En la ingeniería: El objeto de estudio de la ingeniería de puentes son las leyes de la estática, la resistencia de materiales, la mecánica de fluidos y el cálculo de estructuras. Sostener que consiste en mirar a dónde van los peatones es un reduccionismo sociológico. El puente está igual de bien construido estructuralmente si conduce a una mina de carbón o a una montaña rusa.
    • En la literatura: Maestro repite constantemente que la literatura se explica solo desde la obra formal (métrica, sintaxis, tropos, estructuras narrativas). Sin embargo, al calificar a un autor de «neoténico», a menudo deja de analizar cómo está construida la estructura formal de la obra y pasa a juzgar el destino ideológico de sus ideas (si la obra defiende mitos, utopías o entretenimientos que a él le parecen regresivos). Al hacer esto, el crítico literario se convierte en el sociólogo que ignora los planos del puente para criticar que la gente vaya al parque de atracciones.
  2. La falacia del destino: Confundir la potencia con el uso.
    • Materiales vs. Fines: Un puente lúcido (siguiendo tu analogía) construido con hormigón defectuoso se caerá, por mucho que conduzca a una fábrica hiperproductiva. Un viaducto hacia un parque temático puede ser una obra maestra de la ingeniería civil (como el Viaducto de Millau).
    • El error de Maestro: En la teoría materialista, el valor literario reside en la complejidad formal y la potencia estética del artefacto (la obra). Clasificar la valía de un autor o de una obra por el «lugar ideológico» al que conduce a sus lectores (el ocio, la religión, el mito vs. el materialismo descarnado) es traicionar el formalismo y volver a una crítica moral o política camuflada de ciencia.
  3. La trampa de la desconexión (Symploké): este ejemplo ilustra por qué la teoría de Maestro se contradice a sí misma al emitir juicios personales:
    • Si la obra es independiente del autor (como el puente lo es del ingeniero una vez inaugurado), calificar al ingeniero de «neoténico» por el uso que la sociedad da a su puente es un anacronismo lógico.
    • El ingeniero puede ser un genio de las matemáticas y haber diseñado el puente del parque temático cobrando una fortuna para poder financiar sus investigaciones personales. Su mente es «lúcida», aunque el cartel del puente apunte hacia Disneyland.
Conclusión: ¿Por qué la teoría de G. Maestro resulta absurda en este punto? Resulta absurda porque desplaza el criterio de evaluación de la inmanencia del objeto (cómo está hecho el puente o el libro) a la trascendencia de su uso (a dónde van el peatón o el lector). Cuando Jesús G. Maestro utiliza estos adjetivos, muchas veces abandona la descripción científica del materialismo literario y ejerce una crítica de combate cultural, donde «neoténico» funciona simplemente como un insulto sofisticado para descalificar las ideas que no encajan en las coordenadas del materialismo filosófico de Gustavo Bueno.

En conclusión, habrá que ver qué dice él con respecto a todo esto, pero de momento, desde el concepto de «neotenia», la teoría de G. Maestro queda acorralada en su propio terreno. Desde una perspectiva científica estricta, como la que se plantea con la distinción entre capacidad y competencia, es metodológicamente inválido que un crítico literario califique a un autor de «neoténico», porque la competencia textual no revela la capacidad mental del sujeto operatorio. La «neotenia del autor» termina siendo un término más retórico y moral que una categoría científica rigurosa del materialismo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La demostración de la existencia de Dios según Kurt Gödel

Las cien lecturas de narrativa que más influyeron en mi adolescencia.

La Verdadera Inspiración de «Aquellos Ojos Verdes»